Duelo
Creo que es como todo, cuando uno pasa por un duelo en algún momento éste deja de ser emocional para empezar a ser psicológico. Hay una especie de calma que por vacía e insulsa es maravillosa aún en dichas circunstancias.
Llega cuando el dolor da tregua sin importar si ésta es o no temporal, si las lágrimas regresan o ya no. Es como si lo que acaba de irse dejara un espacio por donde corre la brisa fresca de la mañana; y esta brisa baña todas y cada una de las acciones diarias, bañándolas de un heroísmo de patio de baldosas. Preparar el café tranquila porque sé que José ya no está y ya no me duele como anoche que me hacía tanta falta, y empapé la almohada con su nombre arañándome la garganta y aferrándose a mis labios como si cada vez que lo repitiese se fuese un poco más y siempre más definitivamente.
Como si el jueves que tanto lo odié por ser él como era hiciese las paces con mi memoria entonces yo pudiera preparar el café sabiendo que siempre lo había amado y que su partida aún me dolía, pero este café que ahora se abría como el humo a medida que caía la leche me consolaba, porque esto era importante ahora.
Todo es importante ahora que José no está, porque antes sólo él lo era y nada más podía serlo. Sólo él y el amor que yo le hacía cuando le preparaba tal como ahora un café con leche a la mañana, con tostadas y manteca porque él amaba eso y yo se lo daba.
Pero ahora que de él solo queda esa presencia que nunca se va, yo unto la manteca y eso es importante, ponerse el saco, abrigarse porque hace frío, y a causa de él y de su falta, yo que no soy nadie ya, intento mantenerme viva para que él no muera con mi memoria, entonces me alimento, me abrigo, lo mantengo vivo y eso es heróico, no yo. Yo lo perdí y eso me entristece tanto...


